Para conocer esta historia, hay
que viajar alrededor de 200 años atrás, donde nos encontramos un bosque repleto
de arboles flores y una gran variedad de fauna y especies.
Entre ellas se encontraban los
Druidas de la Petunia, una de las razas más pacificas que existían, dedicadas a
la protección del bosque.
Entre todos los habitantes de esta raza, nos
centraremos en uno llamado Petunio, un joven druida de dicisiete años que vivía
con sus padres, los cuales habían pactado desde que él nació que cuando cumpliera
los dieciocho años se casaría con la hija del comandante que dirigía la protección
del bosque. A Petunio esto no le hacia gracia, desde su infancia siempre se había
fijado en su amigo Geranio, con el que había pasado más tiempo que incluso con
su familia. Este fijamiento era mutuo, pero Petunio estaba apunto de cumplir
los dieciocho años y todo acabaría.
Las semanas pasaban, el invierno
se acercaba y, con ello, más incursiones de indeseados, entre ellos, los orcos,
en busca de arboles para crear hogueras y poder aguantar el invierno. Los
enfrentamientos eran cada vez más frecuentes y los druidas perdían terreno a
cada día que pasaba. En poco tiempo, los orcos casi se encontraban donde habitaban
los druidas y hubo una gran guerra donde ambos bandos perdieron gran cantidad
de hombres, cosa que no favorecía a los druidas, ya que los orcos superaban en
número a estos. Pocos días después, los orcos atacaron el poblado central de
los druidas quemándolo todo y acabando con la población de druidas, a excepción
de Petunio que consiguió escapar junto con Geranio y su futura prometida Bromelia.
Ahora solo quedaban ellos y recorrían
el bosque huyendo de los orcos, aunque Petunio tenía en mente otras cuestiones:
si ser fiel al deseo de sus padres y casarse con Bromelia o deshonrar a su
familia y unirse a Geranio.
Pasaron semanas a duras penas. El
grupo conseguía avanzar y vivir sin ser vistos por los orcos, pero llego el fatídico
día en que una manada de lobos, bajo el control de los orcos, localizaron a los
jóvenes druidas y empezaron a perseguirlos. Poco tardo en que fueran rodeados
por los lobos y un orco verde, grande y bastante feroz con un hacha gigante
(muy parecido al orco gris que se enfrentaron nuestros amigos, ¿coincidencia? Pero,
obviamente, esto solo lo sabe el narrador).
Petunio, junto a Geranio, trató
de plantarle cara. Fue una ardua batalla donde el orco acabo con alguna herida
grave teniendo que huir, pero cuando se giraron observaron cómo los lobos habían
acribillado a Bromelia. Ya solo quedaban ellos dos, no había que elegir nada. Pasaron
la noche juntos pensando que era su última noche, pero la cosa no fue así y pasaron
los días, los meses y los años.
Eran los últimos de su especie,
pero al menos conseguían vivir felizmente juntos y sin problemas, al menos toda
su juventud y gran parte de vida adulta. Hasta que unos ciento noventa y nueve
años o doscientos años después vieron los primeros indicios de como su bosque,
su hogar, empezaba a pudrirse. Trataban de buscar una explicación, pero no
hallaban nada. A cada día que pasaba, más infectado estaba el bosque y, una
noche que dormían juntos bajo un árbol, Petunio fue despertado por Geranio:
-Corre. Esto no es seguro, no
podemos estar aquí- Dijo, mientras le ensañaba su brazo y como por el corría
una mancha gris que iba cubriéndole el brazo.
Se alejaron un poco más. Ambos sabían
que era el fin de Geranio y no podían hacer nada. Ninguno lo mencionó,
solamente se miraron, se besaron y pasaron juntos el poco tiempo que le quedaba
a Geranio. Pocas horas después, la respiración de Geranio aumentó. Sus ojos habían
cambiado, no se le reconocía y comenzó a atacar a Petunio. La infección había cubierto
todo su cuerpo y cambiado por completo a Geranio, ya no era él. Mientras forcejeaban,
Petunio escuchaba voces unos pasos más lejos, miró a Geranio de arriba abajo,
secó sus lágrimas y lo mató mientras le decía al oído Te quiero.
Aún en shock, sin saber que hacer
decidió seguir las voces. A lo mejor eran los causantes de todo esto. Y, cuando
estuvo lo suficientemente cerca, vió que solo era un grupo un tanto raro formado
por tres personas alrededor de una hoguera.